La misma cuenta y el mismo panel de siempre, fuera del navegador. Se actualiza sola y, si se cae el internet a media tarde, regresa sola cuando vuelve la señal.
Un archivo para Windows de 64 bits. Se instala en tu usuario, así que no hace falta que alguien de sistemas te dé permisos de administrador.
El instalador te deja escoger dónde y deja el acceso directo en el escritorio. La primera vez Windows puede mostrar un aviso: el instalador todavía no está firmado.
La de siempre. No hay que migrar nada ni volver a cargar el menú, los productos ni las mesas: es el mismo panel que ya usas.
Cuando sale una versión nueva la baja sola en segundo plano y la deja lista. Se instala al cerrar la app, nunca a media comanda.
El punto de venta deja de competir con las otras veinte pestañas y ya nadie lo cierra por error limpiando el navegador.
Si alguien abre la app otra vez, trae al frente la que ya estaba abierta en lugar de arrancar una sesión aparte.
Vuelve a abrir con el mismo tamaño y en la misma pantalla del turno anterior, sin reacomodarla cada mañana.
La vista del cliente abre en su propia ventana, lista para mandarla al segundo monitor del mostrador.
Avisa en pantalla y reintenta sola cada pocos segundos. Cuando el internet regresa, entra sin que nadie toque nada.
La app revisa si hay versión nueva, la descarga mientras sigues cobrando y la instala al cerrar. En la práctica el equipo nunca ve un aviso de actualización ni tiene que aceptar nada.
Windows de 64 bits y conexión a internet. Si ya usas TuMenuDigital en el navegador, no hay nada que migrar: entras con la misma cuenta y encuentras todo igual.
Es la misma cuenta que ya usas en el navegador. Si todavía no tienes una, créala y entra desde la app.
No necesitas tarjeta de crédito