Menú Digital
Entras al panel, tocas el platillo, guardas. El siguiente comensal que escanee el QR ve el precio nuevo. Es el mismo código de siempre pegado en la misma mesa: lo que cambia es lo que hay detrás.
14 días gratis, sin tarjeta. El menú digital entra desde el plan Básico.

No es la pantalla. Es que ya no dependes de la próxima tanda de impresión para corregir nada.
Con la carta impresa
Con la carta en tu panel
Subió el kilo de carne y las cartas ya están impresas. Corriges con pluma o aguantas el margen hasta la próxima tanda.
Editas el precio en el panel y el siguiente que abra el menú lo ve. Nadie reimprime nada.
Se acabó el pescado a las dos. El mesero lo va diciendo mesa por mesa y aun así alguien lo pide.
Apagas el platillo con un interruptor y desaparece del menú de todas las mesas al mismo tiempo.
El cliente pregunta si el chilaquil lleva pollo y con qué viene. La carta no lo dice y el mesero contesta de memoria.
Cada platillo lleva su foto, su descripción y sus opciones. El comensal decide sin preguntar.
Para desayunos y para comida imprimes dos cartas distintas y las cambias a mano a mediodía.
Le pones horario a la categoría de desayunos y a las doce se guarda sola.
Cambiaste de proveedor de cerveza y hay que rehacer la carta entera por dos renglones.
Cambias los dos renglones. Lo demás sigue igual y nadie se entera.
Al crear tu cuenta subes una foto de la carta, un PDF o un CSV, y la lectura con IA saca los platillos con sus precios y sus categorías. Revisas lo que sacó y corriges lo que haga falta. Es más rápido que teclear cuarenta productos, y viene incluido desde el plan Básico.
Agrupas por categorías, subes las fotos, escribes las descripciones y defines los modificadores de cada platillo: término, tamaño, extras. Luego eliges la apariencia y la ves aplicada sobre tu menú real antes de activarla.
Generas los códigos desde el panel, los imprimes y los pegas. A partir de ahí el QR ya no se toca: cada vez que edites la carta, ese mismo sticker sirve para mostrar la versión nueva.
En tu panel
Cada producto tiene su foto, su precio y su interruptor de disponibilidad. Ese interruptor es el que más se usa: se acabó algo, lo apagas desde el celular sin salir de la barra, y el menú de todas las mesas se entera al momento.

Sin descargar nada y sin crear cuenta. Es una página en el navegador de su teléfono, la misma que ves tú cuando pruebas el QR.



Códigos QR
Generas un código por mesa, por sucursal o uno solo para el mostrador, y los descargas listos para pegar. Apuntan a la dirección de tu menú, no a su contenido, así que sobreviven a cualquier cambio de carta.

Hay 35 temas y el plan Básico trae diez. En Pro armas el tuyo con los colores exactos de tu marca, en vez de acercarte con el que más se parezca.
Clásico es scroll continuo con foto grande. Carta pone la tipografía primero y quita las fotos del listado, que es lo que necesita un menú largo. Catálogo da una pantalla por sección. Se cambia desde Pro.
El editor abre a pantalla completa con tu menú real del lado. Mueves la tipografía o el recorte de las fotos y se refleja ahí mismo. Tus clientes siguen viendo la apariencia anterior hasta que actives la nueva.
Una para diario y otra para diciembre. Cambias de una a otra sin volver a armarla, y la que no está activa no se pierde.
¿Te conviene mover tu carta a un software?
Sí, si tu carta se mueve
Si cambias precios, agotas platillos o manejas menú del día, esto se paga con la reimpresión que ya no hiciste.
Si tu carta es la misma desde hace tres años y cabe en media hoja, el papel te está funcionando y no hay razón para cambiarlo. Tampoco es para quien busca una app propia en las tiendas: aquí el comensal abre el navegador y no descarga nada, y esa decisión no se negocia. Para el resto, taquerías, cafeterías, marisquerías y cocinas que rehacen el menú cada semana, el papel es el que estorba.
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El PDF es un archivo: para corregir un precio generas otro y vuelves a subirlo. Aquí la carta vive en una base de datos que tú editas producto por producto, y el menú se arma solo cada vez que alguien lo abre. Por eso puedes apagar un platillo agotado a media tarde y encenderlo mañana sin tocar el código QR de la mesa.
Lo que tardes en guardar. El comensal que abra el menú después de eso ya ve el precio nuevo, en todas las mesas y en el link que compartes por WhatsApp. No hay publicación aparte ni un botón de sincronizar.
No. El QR apunta a la dirección de tu menú, no a su contenido. Cambias platillos, precios y hasta la apariencia completa, y el mismo sticker de la mesa sigue sirviendo.
Sí, con las Apariencias. Eliges el tema de color entre 35 opciones, diez de ellas en el plan Básico. La tipografía, el recorte de las fotos y la densidad de las tarjetas se ajustan desde Plus, y la forma del catálogo y el tema con tus colores exactos son de Pro. El editor abre a pantalla completa con tu menú real al lado, así que ves cada cambio antes de activarlo.
Piden. Eligen el platillo, arman sus modificadores y extras, y mandan la orden desde su teléfono. Esa orden entra a tu panel y a la pantalla de cocina como cualquier otra, con las opciones que escogieron escritas. Si prefieres que el menú solo se vea, también se puede: el modo de pedido se configura.
El plan Básico incluye el menú digital con 40 productos, 8 categorías, 5 grupos de modificadores y 5 códigos QR. Plus y Pro quitan esos topes. La prueba es de 14 días y no pide tarjeta.
Subes la carta que ya tienes, eliges cómo se ve y descargas los códigos. Los 14 días de prueba no piden tarjeta.